domingo, 24 de septiembre de 2017

Tabla de dureza de Mohs



“El hidrógeno de mis lágrimas lo fabricó el Big Bang; el calcio de mis huesos y el oxígeno de mi sangre se cocinó en las estrellas”.

María Teresa Ruiz, astrónoma o astrofísica o lo que sea y un montón de cosas más. Publica estos días "Hijos de las estrellas”.

Cal y arena, sin saber cuál es la buena. Se mezclan en el mortero. Las dos más algo de agua. Agua, como el mar, como las lágrimas, como el sudor, como la saliva. Agua. Hidrógeno y oxígeno. Cal, calcita, carbonato de calcio, CaCO3. Grado 3 de dureza. Se puede rayar con una moneda de cobre. ¿Existen monedas de cobre? ¿Existen todavía monedas hechas con un material cuyo precio es superior al del valor facial de las monedas acuñadas con él? Arena, ¿qué es la arena?: sílice, generalmente en forma de cuarzo. Cuarzo. SiO2. Grado 7 de dureza. Raya el vidrio. Eso es fácil, y tiene algo de perro come perro, de arañarte a ti mismo, porque el cristal se hace con silicio, ¿no?. Y luego, sí, el diamante, carbono puro, el más duro, que sólo se raya – éste sí – consigo mismo. Y resulta que todos son esenciales: si no tomamos suficientes, tenemos deficiencias funcionales, que no se recuperan hasta que el elemento vuelve a estar en las concentraciones adecuadas. Sin esos elementos, el organismo no crece ni se reproduce. Y esos elementos influyen directamente en el organismo y en sus procesos. Y no pueden ser sustituidos por ningún otro. Sin agua, sin cal, sin arena, sin diamante, sin carbón, no somos, no hacemos, no crecemos, no vivimos.

Al final, ¿qué diablos se mide? “la oposición que ofrecen los materiales a alteraciones físicas como la penetración, la abrasión, el rayado, la cortadura o las deformaciones permanentes, entre otras”. Medimos eso en minerales hechos de elementos químicos que son esenciales para la vida, esenciales para nosotros.

Hasta el capítulo 7 de “Transit” de Rachel Cusk, parece un mineral: inorgánica, cristalina, una lupa, una lámina de cuarzo, casi de diamante. Sobrevuela sobre los demás, sirve como elemento de refracción de sus situaciones, sus sentimientos, pero poco más, no interviene. Hasta que, de repente, se rompe, y la palabra que usa es powerlessness, impotencia. Porque teniendo todos los elementos esenciales, no sabe cómo seguir. Y ahora se encuentra, en ese capítulo, con un hombre que decide volver a vivir encima de un momento anterior, en el que sintió que había cometido un error. Él se lo explica después de una cena en la que hablan de impotencia, de ira, de culpa, de pecado. Y después, lo que queda, son las estrellas.


No hay comentarios:

Publicar un comentario