sábado, 7 de octubre de 2017

Un hombre y una mujer se escriben



Que nos llegue una carta de otro continente indica que, aunque el mundo sea un caos, por lo menos algunas cosas funcionan como la amistad y el correo.

Ramón Eder, "Ironías". (Repito)

Se me han amontonado un poco los ratos y las ideas. Hoy la cafetera mental no ha parado ni cuando me he puesto a preparar tortitas a tres adolescentes (de facto o de lege) a las doce de la mañana.

Hoy habría cumplido 90 años Juan Benet, hoy hace 26 años de la muerte de Natalia Ginzburg. Hoy la palabra del día es "trujamán” (o trujamana), esto es, persona que aconseja o media en el modo de ejecutar algo, intérprete. Si los potenciales lectores fueran de Mallorca, estarían haciendo chistes malos (porque “truja” es la hembra del cerdo en mallorquín).

La pseudo coincidencia (como dice una amiga que se queja de estos bailes que me marco con el aleatorio, las efemérides y el diccionario, todos los días nace y se muere mucha gente) me hace pensar en la fatiga de la decisión, en esas ganas que a veces asaltan de que todo fuera más simple, al menos durante un rato.

Vuelvo a Benet que es, para mi gusto, como un profesor “hueso”: difícil, exigente, implacable a veces, satisfactorio cuando superas la asignatura. Y, como siempre, divago. Escribo muchas cartas. He leído muchos libros de cartas este año. En breve recibiré el que recoge las cartas entre Martín Gaite y Benet, del que la foto es un fragmento. Leo a Félix de Azúa escribiendo sobre ese libro (el título de su crítica es maravilloso: “Un hombre y una mujer se escriben”): ella como “allumeuse”; como provocadora, como sacacorchos de la atención de él. Él cada vez más huraño, más depurado estilísticamente, más lejano.

El agotamiento que debió sufrir mi tocaya con esa correspondencia (y que me muero por leer) reaparece y rebusco, para calmarme, una frase de la Ginzburg: “Yo escribo sólo para comunicarme. El mundo se ha transformado en algo incomprensible. Ya vimos la estupefacción de Sartre, Kafka, Camus, frente al absurdo del mundo. No intento entenderlo. Solamente describirlo”.


No sé cuál es la pregunta, let alone the answer. Los hombres, las mujeres, las cartas, las amistades, los amores, la sensación de recogerlas todas, devolverlas todas, el agotamiento, la (mal/des)interpretación. A veces se necesitan temas de conversación con una misma. 

domingo, 24 de septiembre de 2017

Tabla de dureza de Mohs



“El hidrógeno de mis lágrimas lo fabricó el Big Bang; el calcio de mis huesos y el oxígeno de mi sangre se cocinó en las estrellas”.

María Teresa Ruiz, astrónoma o astrofísica o lo que sea y un montón de cosas más. Publica estos días "Hijos de las estrellas”.

Cal y arena, sin saber cuál es la buena. Se mezclan en el mortero. Las dos más algo de agua. Agua, como el mar, como las lágrimas, como el sudor, como la saliva. Agua. Hidrógeno y oxígeno. Cal, calcita, carbonato de calcio, CaCO3. Grado 3 de dureza. Se puede rayar con una moneda de cobre. ¿Existen monedas de cobre? ¿Existen todavía monedas hechas con un material cuyo precio es superior al del valor facial de las monedas acuñadas con él? Arena, ¿qué es la arena?: sílice, generalmente en forma de cuarzo. Cuarzo. SiO2. Grado 7 de dureza. Raya el vidrio. Eso es fácil, y tiene algo de perro come perro, de arañarte a ti mismo, porque el cristal se hace con silicio, ¿no?. Y luego, sí, el diamante, carbono puro, el más duro, que sólo se raya – éste sí – consigo mismo. Y resulta que todos son esenciales: si no tomamos suficientes, tenemos deficiencias funcionales, que no se recuperan hasta que el elemento vuelve a estar en las concentraciones adecuadas. Sin esos elementos, el organismo no crece ni se reproduce. Y esos elementos influyen directamente en el organismo y en sus procesos. Y no pueden ser sustituidos por ningún otro. Sin agua, sin cal, sin arena, sin diamante, sin carbón, no somos, no hacemos, no crecemos, no vivimos.

Al final, ¿qué diablos se mide? “la oposición que ofrecen los materiales a alteraciones físicas como la penetración, la abrasión, el rayado, la cortadura o las deformaciones permanentes, entre otras”. Medimos eso en minerales hechos de elementos químicos que son esenciales para la vida, esenciales para nosotros.

Hasta el capítulo 7 de “Transit” de Rachel Cusk, parece un mineral: inorgánica, cristalina, una lupa, una lámina de cuarzo, casi de diamante. Sobrevuela sobre los demás, sirve como elemento de refracción de sus situaciones, sus sentimientos, pero poco más, no interviene. Hasta que, de repente, se rompe, y la palabra que usa es powerlessness, impotencia. Porque teniendo todos los elementos esenciales, no sabe cómo seguir. Y ahora se encuentra, en ese capítulo, con un hombre que decide volver a vivir encima de un momento anterior, en el que sintió que había cometido un error. Él se lo explica después de una cena en la que hablan de impotencia, de ira, de culpa, de pecado. Y después, lo que queda, son las estrellas.


sábado, 23 de septiembre de 2017

Jhumpa





Leí hace casi un año este artículo. Conocía a Jhumpa por sus libros de historias de indios desubicados, de lenguas extrañas, tierras desacostumbradas. Me gustan.

Y de repente, vuelve a aparecer. Con la misma historia. Es curioso. Que tu lengua materna sea el bengali y tu memoria, Calcuta, pero crezcas en un entorno en el que te educas (y acabas escribiendo tus libros) en inglés y que acabes encontrando en el italiano (y en Roma) un asidero, un antídoto contra la ansiedad, ella lo llama una "corteza", como si fueras un árbol desnudo y otra lengua te cubriera. Cuando lo hago, prototraduciendo poesía del inglés al castellano (qué difícil es), me doy cuenta de eso, de cómo otro idioma y el esfuerzo que conlleva, a veces, es como una madrastra buena, como si te empujara en el desfiladero pero te protegiera a la vez. 

El libro "In altre parole" es raro y no lo es. No tiene estructura. Son capítulos concatenados pero desordenados sobre cómo te adentras en un idioma. La renuncia al inglés, el diccionario, leer con él al lado, llevar un diario, palabras nuevas, salir a la calle y descubrir sitios nuevos. Los primeros, cortos, casi esquemáticos, robóticos. Los últimos, más largos, más complejos. Hace años (¿25?), me llevé de copas a Spiderman, primo de mis primos, y a unos amigos suyos por Madrid. La frase, a medida que avanzaba la noche fue algo así como "the drunker she is, the better English she can speak". Pues eso.

Está escrito, obviamente, en italiano y tiene esa ventaja para los que no conocemos bien un idioma: está escrito por una extranjera, para la que no es su lengua materna, así que las frases son cortas, relativamente fáciles. Estoy, yo también, con el diccionario al lado para lo que el contexto me niega, pero es agradable leer en un idioma en el que sólo me había peleado con leyes y contratos.

viernes, 22 de septiembre de 2017

La palabra precisa




Ojalá los borrones y las cuentas nuevas. Ojalá los adverbios. Ojalá los gerundios. Ojalá el mar. Ojalá las manos. Ojalá los libros. Ojalá las ganas. Ojalá esa copa pendiente. Ojalá otra noche, otra tarde, otro tren. Ojalá un sitio, ese sitio, y confianza y paciencia. Ojalá la India. Ojalá otro concierto, otro de Silvio, por ejemplo, por aquello de que el aleatorio, ya que se pone, lleva la banda sonora incorporada. Ojalá me perdonen. Ojalá el amor, algún amor. Ojalá "una noche de otoño, un viajero...". Ojalá que te vaya bonito.

Ojalá es la palabra del día. El otoño sabe dónde arañar, desde el primer ídem. El poema, de Gloria, siempre Gloria.

If it be your will





Stomachs covered in knitwear, leathery feet. You wanted to lie down and pretend for a second that this life wasn’t, isn’t yours. A rock has planted itself in your mind; heavy and cool to the touch, pulling you down into what feels like drunk, into what feels light-headed and uncertain. Breathing is difficult, and it takes a thousand different heartbeats to inhale, exhale. Those round leaves throw themselves across these straightened roads, anyplace is better than the sidewalk, surely. Iced tea and blue blood, waiting for a couple of hours to pass before you can admit defeat and crawl back through the residential outskirts and sleep, sleep, sleep. If you sit here long enough, looking at this tree in front of the speckled window, perhaps every single leaf will let go. They seem to fall off in twos and threes every time you look up, so surely there cannot be so many left on the branches that it will take days longer, a week.

Ella Frances Sanders, en su blog. Lo tituló “Flash fiction”. 

Su título me ha recordado a aquella serie que murió por explosión. Flash forward. La idea era buena: un día, la mayoría de los habitantes de la tierra sufren un desmayo y ven unos segundos de su futuro. A partir de los fragmentos, un grupo intenta reconstruir lo que ocurrió y encontrar a los causantes. 

Cachitos inconexos. O no. Trocitos de pasado, de presente, de ¿futuro?. Y luego leo esto y me acuerdo de ti.

De cuando no habíamos nacido...



Anoche, en una conversación extraña, alguien dijo que lo que yo escribía le recordaba el Madrid algo gris de los 90, con música de Esclarecidos. Y me acordé de esta canción...